domingo, noviembre 19, 2006

Otoño de bodas...

El otoño, estaréis muchos de acuerdo, es una estación que no brinda muchas alegrías. Es como si fuera una pausa, un intermedio, algo como un paréntesis entre el verano y la Navidad, pero carácter propio parece que no tiene: Todo el mundo añora el verano y desea que lleguen las fiestas de Navidad, pero al otoño, pobre, nadie le hace mucho caso. Es, sin embargo, eso sí, época de grandes decisiones y de planificación, época que solemos iniciar ilusionados (aunque siempre mirando hacia el futuro nunca el presente, el otoño) y con muchas ganas de cambiar cosas y de iniciar aventuras. Y hablando de grandes decisiones y contra todo pronóstico de época indiferente, este otoño sí que ha sido especial porque se nos han casado cuatro amigos (dos y dos quiero decir…) y qué mejor ocasión para tener unos recuerdos culinarios que una boda (dos en este caso). Aquí tenéis entonces unas de las exquisiteces que hemos podido disfrutar. Creo que, a mí por lo menos, me sirven como inspiración para idear platos que aunque no estarían a la altura, tendrían un toque nuevo, más festivo quizás…
¡Enhorabuena y gracias, chicos!


Ensalada de langostinos de Sanlúcar y bogavantes en contrastes de colores con crema suave de miel de flores

Una combinación de colores y sabores muy festiva, a la manera del sur: Langostinos, bogavante, tomates cherry rojos y amarillos, rúcola, lolo rosso, caviar rojo y negro. Para acompañar, una salsa de sabor suave con queso y miel de flores. En el centro, una flor de pensamiento. En nuestro pensamiento, la armonía.


Paella Valenciana

Para mí y para muchos más, es uno de los platos más ricos de la cocina española. Y no es el único superlativo que le podemos atribuir: Es, por excelencia, el plato más conocido fuera de España, admite infinidad de combinaciones, hay miles de recetas, miles de trucos y, además, desgraciadamente, es uno de los platos más maltratados mundialmente... No defiendo ningún tipo de purismo culinario, pero sí defiendo el estilo y el sabor de lo auténtico. Una paella que se respeta a sí misma, pues, llevaría siempre un arroz "bajito y gordito" tipo bomba. El más recomendado es el de D.O. Calasparra: Suave y meloso, pero que se mantiene siempre entero. Puede llevar carne o marisco, dependiendo de la zona. A menudo lleva también caracoles y judías de garrafón: una variedad que se cultiva en la zona del levante. Se puede utilizar caldo o agua. A mi parecer, el agua ayuda a menudo a que resalte más el sabor de la carne y las verduras. En cambio, prefiero, creo, el caldo para las paellas de marisco. Hay un montón de secretos y trucos más respecto a la preparación de la paella, que varían según la zona o incluso la familia.

La paella de la foto fue hecha en Madrid el día después de la boda con ingredientes traídos de Valencia, incluida el agua: ¡eso es amor a la cocina! Hecha al aire libre, generosa en carne, con el arroz en su punto y disfrutada en buena compañía: ¿Qué más se puede pedir?

Y aprovecho para contar unas historias curiosas acerca de la paella: Según el Diccionario Etimológico de Edward Roberts y Bárbara Pastor, la raíz indoeuropea pet∂- nos da en griego la palabra πατάνη [pata’nI] de donde, a su vez, provienen las palabras españolas pátina (del latín patina) que significa “capa que forma la humedad sobre los objetos de bronce viejos” [por el barniz de que están revestidos los platos antiguos]; paila (del francés paele: sartén; del lat. diminut. patella: plato, cacerola) vasija grande de metal, redonda y poco profunda; y finalmente paella, que toma su nombre del recipiente en el que se cocina.
También Manuel Vicent, en su libro Viajes, fábulas y otras travesías, cuenta, balanceando entre historia y mito, que la primera paella (el recipiente) la llevó a la costa este de la península un navegante sarraceno llamado Muley Yezid; se la había vendido antes un comerciante de Alejandría, Ismaïl Baschá. Esa primera paella de bronce parece que fue hecha de los restos del Coloso de Rodas varios siglos después de que este fuera derrumbado por un terremoto.

Solomillo con refrito de Jabugo y vinagres viejos

Una idea original para acompañar un solomillo a la plancha: Un poco de jamón salteado y reducción de vinagre. Hasta ahora sólo había probado reducir vinagre balsámico y el resultado es una salsa casi cremosa, dulce y ácida al mismo tiempo. Pega muy bien con carne, como en este caso, aunque hay también combinaciones que sorprenden, como por ejemplo añadiéndolo a lentejas cocidas. Basta con hervir el vinagre durante un rato hasta que se convierta en una especie de almíbar.


Hill de caramelo, chocolate tibio

Esta es la primera entrada del blog que contiene algo con caramelo, mezclado además con chocolate negro: una de las combinaciones más irresistibles y para este blog todavía más…
El dulce consiste en capas de crema ligeramente aromatizada al caramelo alternándose con hojas de chocolate negro. Para decorar chocolate fundido y caramelo líquido.

El punto final.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Hola, Heleni!

Ahora que se acercan las navidades, me gustaría preparar cositas. ¿No tendrás por casualidad una recetita de pastel de calabazas?

mmmmmm
qué rico!

Señora boniato

10:11  
Blogger Heleni said...

¡Hola señora boniato!

Supongo que te referirás a la pumpkin pie que se hace en EEUU estos días. La verdad es que nunca la he probado, aunque me encanta la calabaza. Por un vistazo qeu he echado en la red hay muchas recetas. En esta página por ejemplo: http://allrecipes.com/recipes/desserts/dessert-pies/pumpkin-pies/main.aspx
Yo preparo una empanada (o empanaditas) de calabaza, pero que es salada, no dulce. Si te interesa, te podría decir cómo la hago.
Heleni

14:16  
Anonymous Anónimo said...

Gracias, Heleni!
Sí, me refería a la pumpkin pie. Anoto la dirección que me das. Veo que tus fotos tienen mucho más color!!!
;P

09:57  

Publicar un comentario

<< Home